Lo que Vi en el Carro
—¡Pero ya va! —dijo María con tono alterado.
Nunca tenía tiempo libre, y ahora que se había mudado su madrastra, todo lo que escuchaba era: “Limpia la ropa, compra más jabón, lava los platos y escúrrelos ¿sí amor? Hazme las uñas, lávame los pies, barre ya el piso y corta el césped. Si no haces eso no habrán regalos. ¿Sí amor? ¿Sí amor? Yo sé que por mí haces todo con amor”.
Y esta se limitaba a sentarse a ver su celular, siempre con la excusa de su recién operada espalda. Y saber que ya ni siquiera le dolía, vagabunda viejilla —pensaba María.
Es que ¿qué había pasado con su mamá? La extrañaba tanto y desde hacía ya un año no se había sabido nada de ella. Con 14 años, la alta y delgada María, con la cabellera hermosa rubia de su madre, pecas y ojos azules intensos, se preguntaba esto constantemente. Pero siempre tenía tanto que hacer que quedaba sin tiempo de lamentarse acerca de su madre.
—¡María! —dijo su madrastra Eely—. ¡Apúrate que nos vamos a misa!
—Madre E., ten paciencia, ya va, ni me he bañado —respondió María.
—¡Pues hazlo! Es más, no te bañes, vamos así bella ma! —gritó furiosa Eely.
—Chicas ya calma —se oyó la voz de Otto.
Otto era el padre de María, y esposo original de Merina, su esposa perdida. Y claro, después conoció a Eely, y se juntó de nuevo, sin ver que lo que ella quería era dinero, ya que Otto le daba mesadas cada semana.
Una vez lista, María bajó los escalones de madera, ni siquiera había tenido tiempo de peinarse como quería. Su casa era mediana, de madera, y con un estilo moderno. Cada día, María recibía unos 5 mensajes y se acumulaban ya que no tenía tiempo de responderlos hasta tarde. Ella asistía al colegio todos los días, más iba a ésta por sus amigos, ya que su escuela era muy básica para ella, casa dada por su superdotación que nunca creyeron ni valoraron.
—Siéntate —dijo Eely al llegar a misa.
—Ya vengo E., tengo que ir al baño —respondió María.
—María, eso se hace en la casa —susurró Eely molesta.
—Ve rápido amor —dijo Otto cariñosamente mientras Eely enjachaba a María.
María se levantó y partió, los baños estaban en una esquina trasera del edificio. No podía con su vida en ese punto, sin su madre, ¿quién era? Ella ocupaba saber de ella, fue todo lo que pensó al dirigirse al baño. En eso le entraron unos mensajes al celular, era Esmeralda preguntando por la tarea. María se metió al servicio y empezó a contestarle. Ni ella misma se dio cuenta de cuánto duró, pero cuando salió, se encontró con una señora de mantenimiento.
—Buenas noches señorita —le dijo.
—Hola —sonrió María tímidamente.
—¿Qué hace usted a estas horas acá? —le respondió.
—Eh… bueno, nada más que ir al baño supongo —comentó María al salir del baño rápidamente.
Salió por una de las puertas de la entrada, mirando a los carros afuera. ¡Qué alivio sintió al ver el suyo allí! Por supuesto que la habrían esperado. Se acercó corriendo lentamente y trató de abrir la puerta, pero estaba cerrada. María fue a tocar la ventana del conductor y se quedó helada. Dentro del carro estaba Merina, su madre, discutiendo y atando a Eely para llevársela. El choque de ver a su madre desaparecida en esa situación fue demasiado; todo lo que vio fue eso… antes de caer sin conocimiento.
—¿Señorita? ¿Se encuentra usted bien? Ey, hable algo, reaccione por favor —dijo la empleada.
—Hay que trasladarla —dijo el médico.
Un ejército de 3 cruzrojistas se acercaron y montaron la persona sobre la camilla.
—No, pero, es que… ¿yo voy saben?, yo voy, no puede ir sola —dijo la empleada Mar.
En el camino, Mar fue al lado de María, mientras el médico la cuestionaba sobre lo que había pasado.
—Solo ocupo el contacto de los padres, ¿ellos a dónde están? —preguntó de nuevo el médico.
—No tengo idea, no había nada dentro del carro —dijo Mar con tono inseguro.
Todo lo que se escuchaba era el pitido de la camilla. Lentamente María comenzó a abrir sus ojos, viendo borroso.
—¡Señorita!, ¡está viva! —exclamó Mar.
—Al parecer te dio un micro infarto —le explicó Mar—. ¿Cómo te llamabas?
—Me llamo María… ¿y mis padres? ¿qué hora es?
—Son las 12 medianoche, y yo creo que ya nos podemos ir porque despertaste. Igualmente ,qué fue lo que te pasó?
Salieron del hospital y María, todavía mareada, empezó a recordar.
—Vi a mi madre… —susurró María—. Ella desapareció hace un año después de montarse a su carro, y mi padre se quedó con ese carro… se juntó con Eely y no se supo nada más. -Disculpa ,no sabía eso..-susurró Mar confundida.
Durante el tiempo que todo esto sucedía ,dos mujeres discutían en medio de la oscuridad del inmenso bosque, cerca del escondite más oscuro…
-¡No caí en tu trampa vieja! -Ya verás,¡me la pagarás si me libro! -Solo mira lo que has hecho con mi familia ,siquiera dónde está Otto? -Él se fue a buscar a maría, y en eso ¡tú llegaste! -¡Tú eres la loca aquí!-exclamó la mujer mientras cerraba la bóveda, poniéndole una alfombra encima.
Mientras tanto, Otto regresaba al auto sin noticias de María, y cuando al entrar no vio señal de vida, partió en seguida en busca de las autoridades.
La mujer corrió al parqueo de la misa al salir del follaje oscuro del bosque, pero al no encontrar el carro ,corrió de nuevo hacia el follaje y la bóveda, en busca de una explicación dónde Eely ,y su celular .
María y Mar mientras se sentaron en la banca de un parque,María no dejaba de pensar en haber visto a su madre ni la situación en la que estaba, parecía un sueño. -Y es que aquí no hay señal – susurró María- sino hubiera llamado a mis padres… -Lo sé ,creo que debemos irnos aunque sea a mi casa, no te dejaría sola, y allí hay señal.-comentó Mar. Así que partieron a la casa de Mar, mientras el árido viento helado soplaba sobre sus rostros.
En cuanto entraron a la casa de Mar, María por fin tuvo señal y llamó a su papá. Otto contestó de inmediato:
—¡María! ¡Hija! ¿Dónde estás? Estoy con la policía en el parqueo, te estamos buscando… y Eely tampoco aparece por ningún lado.
—¡Papá, estoy bien! —dijo María llorando—. Pero papá, ¡vi a mamá! Ella estaba ahí, en el parqueo… yo sé lo que vi.
Para ese momento, la policía ya estaba descubriendo toda la verdad. Se dieron cuenta de que Eely había tenido secuestrada a Merina todo el año en una bóveda, solo por interés, y esta al final se había escapado por su propia cuenta, metiendo a Eely a la bóveda donde ella misma la había secuestrado ,esto por venganza, al ver el carro solo esa noche en el parqueo y estar libre. Al final, la familia se volvió a juntar. Otto y María abrazaron a Merina con fuerza, recuperando por fin lo que les habían quitado.
Mientras se preparaban para irse, desde el suelo se oía una voz apagada:
—Ayuda… Otto, sácame de aquí…
Pero Otto ni siquiera volvió a ver. Sabía que la policía se tenía que encargar de ella ahora. Eely siempre sería recordada como una traidora que solo quería el dinero de la familia y que fue capaz de separarlos por más de un año. Por fin, María y sus padres podían volver a casa, dejando atrás la ambición de esa mujer para empezar de nuevo.
FIN

-Escrita por Sol Chacón.-